
Sin embargo sí lo es aquello que sentimos. Sentir es algo que te recuerda estar vivo, pudiendo ser siempre para bien o para mal.
Una vez me fijé en el vino blanco como algo más trascendental, algo hermoso, reluciente, dulce y especial, una imagen que proyectó una sensación de paz, algo efímero, un instante de lo que hoy me atrevo a decir que sea felicidad. Desde entonces he vuelto a sentirlo en ciertas ocasiones hasta este momento. Una emoción de plenitud, de sonrisa eterna, que congela el mundo. Sin embargo, me he dado cuenta de que no estoy en Granada, con una buena copa de vino a la noche de verano bajo el olor del azahar.
Lo cual me llevó a pensar que dicha emoción no fue estado propio, sino sentimiento. Sentimiento hacia alguien, y el sentir lo recíproco. Aquello me hizo y me hace sentir pleno. Te reconforta, cuando ves belleza en ojos ajenos, un alma hermosa. Algo que a oscuras horas de la noche padezco mirando el blanco techo de la habitación con lágrimas sobre los ojos que nacen de un sentimiento alegre, que sabes que no has sentido por algo o alguien antes. Que es posible emocionarse por la plenitud del ser. Que la felicidad puede producirla el saber que eso existe. Que el amor existe. Que merece toda esperanza. Que soy feliz. Que la felicidad no es mas que el amar y ser amado. Y que por eso * , te quiero.
[ * y por otras cien mil cosas ]
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